“La televisión tiene el poder de convertir hechos en tragedias colectivas”, Eduardo Cintra

Con estas palabras el investigador del Centro de Estudios de Comunicación y Cultura de la Universidad de Lisboa, Eduardo Cintra, definió el poder de la televisión para convertir en grandes tragedias, los diferentes hechos que han sucedido a lo largo de nuestra historia.

En el seminario sobre “La tragedia televisiva: la interdisciplinariedad como metodología de acceso a los hechos sociales globales”, impartido el 15 de noviembre, el profesor de Lisboa explicó cómo determinados sucesos históricos, como la caída del puente sobre el río Duero en el año 2011, los atentados del 11 de Septiembre en Nueva York , los atentados del 11 de Marzo en Madrid, o los de Londres del año 2004, han sido vividos como grandes tragedias colectivas a causa del relato televisivo. Durante el seminario “Investigar la televisión contemporánea”, impartido el 16 de noviembre, Eduardo Cintra explicó la evolución de la televisión, desde su aparición, hasta la televisión contemporánea de nuestros días. eduardocintrai

Cintra definió el concepto de Tragedia como “una forma dramática de origen griego, que proviene del género teatral”. Como bien se indica en la definición del término tragedia, los personajes protagonistas se ven enfrentados de manera misteriosa, invencible e inevitable, contra el destino. Las tragedias acaban generalmente en la muerte o en la destrucción física, moral y económica del personaje principal.

Según Cintra, la realidad se organiza, se explica y se acepta a través de este modelo de literatura antigua y de entretenimiento. Cintra manifestó que “la televisión tiene el poder de convertir hechos en tragedias colectivas, ya que en el momento en que ocurre una tragedia, la vivimos como una comunidad, de manera colectiva”. El hecho que la sociedad se transforme en una comunidad que se encuentra en crisis, hace posible comparar las proporciones de acontecimientos tan diversos como la caída del puente sobre el río Duero y los atentados del 11 de septiembre. Ello se debe a forma de relatar los hechos y por la estructura del evento. Por lo tanto, se puede crear una genealogía de la televisión a partir de la tragedia desde el asesinato de John Kennedy  a los atentados de Madrid del 11 de marzo (pasando por el terremoto de las Azores, explosión del Challenger, terromotos en San Francisco, muerte del rey Badouin, muerte de Diana, etc. ). El discurso común y periodístico identifica inmediatamente estos eventos como tragedias, creando una correlación entre la tragedia y catástrofe con el texto teatral del espectáculo y la tragedia en el mundo real.

Lo que más identifica este tipo de eventos catastróficos es el papel central de la televisión en la cristalización del modelo trágico. La televisión se convierte en el centro de la información, por su ubicuidad en los hogares y lugares de Trabajo; por sus cualidades visuales y su socialización. La televisión se posiciona como el principal medio de información y monitoreo de eventos, permitiendo al espectador participar como testigo activo del momento de crisis.

Cintra explicó una serie de características que identifican la tragedia televisiva. En primer lugar, el uso intensivo del directo y la interrupción de la programación establecida para dar seguimiento constante a los hechos. Seguidamente, la utilización de arquetipos, símbolos y mitos sobre el mundo trágico. Otro recurso es la configuración del destino divino y lo sucedido, propio de las tragedias griegas. También se utilizan elementos que identifican la acción, el tiempo y el lugar, por ejemplo, la aparición de cadáveres, pues, según Cintra “los cadáveres sitúan la acción en la tragedia y no en el espectáculo” . Con todos estos factores, el periodismo abandona su el discurso objetivo y se sitúa en un discurso emocional.

Otro dato de interés para identificar la tragedia televisiva reside en la transformación de los actores en personajes de tipo similar a los encontrados en las tragedias clásicas. En las tragedias televisivas analizadas se identificant los siguientes elementos del relato: los héroes individuales (por ejemplo los alcaldes), los héroes colectivos (equipos de rescate y las víctimas heroicizadas), la familia como portavoces de las víctimas, testigos y narradores para restaurar los eventos sin la intermediación de los periodistas, los titulares de los oráculos, los culpables y chivos expiatorios (reales o imaginarios), los líderes políticos y religiosos, los personajes inanimados, y el coro principal de la tragedia (personas presentes en los lugares, curiosos, testigos, supervivientes, familia, amigos y vecinos de las víctimas, todos en representación de la ciudad). El periodista también se convierte en un personaje importante en la representación, a través de la televisión que representa la entidad colectiva.

Parafraseando a Aristóteles, Cintra explicó la importancia de la reanudación del equilibrio del poder después de la crisis de una tragedia, puesto que “no se puede vivir en tragedia mucho tiempo” y así lo mostraron algunos estudios de las audiencias tres días despues de los atentados del 11 de septiembre. Dichos estudiós “concluyeron que a los tres días posteriores a los atentados los televidentes necesitaban normalidad”, explicó Eduardo Cintra.

Para comprender estos fenómenos en su aplicación a la tragedia televisiva y observar el comportamiento de los televidentes frente a los hechos, Cintra llevó a cabo un estudio de las emociones suscitadas por parte de los televidentes y espectadores de las tragedias televisivas. Las cinco emociones más sentidas fueron exactamente las mismas en los distintos eventos: la vergüenza, el horror, el interés, la tristeza y la solidaridad. Otro estudio realizado concluyó que: los televidentes incrementan el consumo de televisión frente a una tragedia, que prefieren el relato de los sucesos a tiempo real, que pierden el interés por noticias de otro tipo y que confian totalmente en la televisión y en la objetividad periodística. Como bien apuntó Eduardo Cintra como colofón en su exposición: “quien tiene opiniones, tiene emociones, y quién tiene emociones, tiene opiniones”.

Carina Weixlberger y Sonia Rico Mainer

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